FALLECIMIENTO DE MARIA CANDELARIA GOYENECHEA SIERRA Y MERCADO (03 DE MAYO DE 1844)
Fue la madre del más importante gesto de la Revolución Constituyente en Chile, don Pedro León Gallo Goyenechea, por tanto, es merecedora de la principal recopilación de antecedentes en torno a su vida y su obra. Esta Ilustre dama atacameña nació en Copiapó el 2 de Febrero de 1795. Sus padres fueron don Pedro Antonio Goyenechea y la doña Manuela Sierra y Mercado.
Desde jovencita, fue educada por su tío don José Agustín de la Sierra, sacerdote, Primer Obispo de La Serena y Diputado de la República, que le inculcó las primeras letras. A medidas de su crecimiento, fue adquiriendo conocimientos de religión, poesía y canto. Posteriormente, de filosofía y latín. A los 21 años de edad, contrae matrimonio, concertado, con el Teniente de Milicias y Héroe de la Independencia de Chile, don Miguel Gallo Vergara, el 20 de Marzo de 1816. Dotada de una gran inteligencia, un alma elevada y bondadosa, formó en unión de su esposo, una familia ejemplar que, daría fruto con el primero de sus hijos en Septiembre de 1822. El civismo, las nobles virtudes de la caridad y el trabajo; más todo su encanto y dulzura de mujer; la llevan a prodigar el bien en su entorno familiar y amistades. En sus ratos libres y destinados al reposo, bordaba y cosía; con sus propias manos preparaba las ropas, que enviaba al hospital y casas de caridad.
Optó por dar una educación noble, a sus 10 hijos, en los mejores colegios de Copiapó, La Serena, Santiago, Lima y Europa; abrazando ellos, con sus estudios superiores, las más importantes y diversas profesiones. El día 8 de Marzo de 1842, fallece su esposo de un fulminante ataque al corazón y debe hacerse cargo de la gran fortuna y negocios que, su marido le había heredado, tenía tan solo 47 años de edad. El enorme portento, que abarcaba negocios, fundiciones, minas y haciendas de su esposo, desde las cercanías del Paposo por el Norte, hasta la provincia de Rancagua por el Sur, le hacía imposible controlar éste caudal. Se ve en la obligación de pedir que su hijo mayor, Tomás, le ayude en esta tarea en bien de sus hermanos menores.
En 1850 a instancias de su hijo Tomás, el cual era Presidente de la Junta de Minería de Copiapó, es invitada a conformar la Compañía del Ferrocarril de Copiapó donde se convierte en su mayor y principal accionista, tenía ya 55 años de edad. Se convierte además, en la más importante dama de la filantropía chilena. Funda numerosas organizaciones de caridad, aporta importantes cantidades de dinero para la construcción del Hospital de Copiapó, construye iglesias y colegios. Funda la sociedad “La Gota de Leche” institución que, hasta hoy está en funcionamiento, en Santiago de Chile y otras ciudades. Al estallar la Revolución Constituyente, pone al servicio de sus hijos principalmente a Pedro León, su fortuna para la compra de trajes y pertrechos, carruajes, caballos, alimentos, forrajes, armas y municiones, con las que harían frente a las tropas oficialistas, del Presidente Manuel Montt Torres. Bordó con sus manos, la Bandera Azul con la Estrella Dorada, que fue la enseña guerrera acompañante, de los intrépidos que se atrevieron a desafiar el autoritarismo del gobierno centralista capitalino.
Cuando su hijo Pedro León Gallo, fue vencido en la Batalla de Cerro Grande, consciente del enorme apuro económico y social que padecieron los seguidores del ideal de su hijo, se convirtió en la protectora de las familias de los soldados del ejército revolucionario. Así también, brindó ayuda a los desterrados del país, a sus hijos, sus amistades, pagando los honorarios de los defensores judiciales, en las causas de los constituyentes. En 1879, colaboró patrióticamente con los soldados de los Batallones de Atacama, haciendo envíos de ropa y comida a los campamentos que, estacionados en territorio extranjero fueron capaces de alcanzar la gloria de las tropas chilenas, en la Guerra del Pacífico. Habiendo cumplido los 89 años de edad, fallece en Copiapó, el día 3 de Mayo de 1884, rodeada del amor y cariño de sus hijos y todos los vecinos de la provincia, quienes concurrieron a dar su último adiós a esta matrona de los servicios caritativos. Sus restos descansan en el Mausoleo Familiar, en el Cementerio de Copiapó Nuestra nación, nuestra provincia, nuestra ciudad, aún no ha dado un justo reconocimiento a esta egregia dama copiapina, ni siquiera una avenida, una plaza o un colegio ha dado su nombre, para perpetuar su memoria.
FUENTE: Diccionario Historico Efenerico de Atacama